sábado, 27 de mayo de 2017

Cacería de brujas

Orlando Zabaleta.


No soy de los que se hacen cruces contra la “polarización” en general, y menos con el discursito de que antes éramos hermanos y ahora peleamos mucho. Socialmente hemos estado divididos desde la colonia, pero siempre se han gastado toneladas de saliva, papel y tinta, y años acumulados de radio y televisión, para que los pobres no se dieran cuenta de que estaban relegados. Y si alguien hacía notar la escisión lo llaman “resentido”; así como el Ku Klux Klan consideraba resentido al ex esclavo que no amaba a su antiguo amo ni a su capataz azotador. Esa es la polarización social. Innata en el sistema. Más inevitable que la muerte y los impuestos.
Ah, pero la polarización política es otra cosa cuando solo expresa lo social parcialmente y se contamina con intereses de grupos dirigentes y de sectores con influencia. Es una polarización emponzoñada. Sobre todo cuando apela al miedo y no a las razones. Cuando echa a un lado las ideas y los entes polarizados (militantes o televidentes) solo tienen un criterio de valoración para cualquier hecho, argumento o persona: si está de un lado o del otro. O sea, cuando los polarizados donan su cerebro a la “causa”; es decir, dejan de pensar.
Aclaro: no soy de los confundidos que exigen (y peor aún: creen practicar) la “imparcialidad” y la “desideologización”. La “supresión” de las ideologías es una de las ideologías más primitivas que se pueda concebir. El que no asume su “ideología” lo hace por ignorancia: desconoce de cuáles pensadores y de cuáles ideas es fiel esclavo.
Cuando el ultrapolarizado entrega su autonomía mental, los jefes pueden hacer todas las cabriolas imaginables, sostener una posición hoy y mañana la contraria, sin verse obligados a dar explicaciones. Por ejemplo: llamarse democrático y propiciar un golpe de estado, o propagar la salvación del planeta y entregar territorios inmensos a una codiciosa transnacional minera.
El ambiente social se enturbia. Es pura niebla. Se escucha cualquier barbaridad. Y, claro, se hace cualquier barbaridad. No es tiempo de distinciones, y todos los gatos son pardos.
Los jefes opositores, por pura viveza, denuncian a la “dictadura”. No confío en la capacidad intelectual de los que repiten eso de la “dictadura”; y el argumento me parece inmoral precisamente porque he tenido y tengo amigos y conocidos que sí han sufrido en carne propia los rigores de las dictaduras. Y porque sospecho que los que tan cómodamente denuncian a la “dictadura” a los cuatro vientos no serían capaces de enfrentar a la SN, ni a Pinochet ni a Videla.
Uno de los efectos más viles de la polarización política es la caza de brujas. Desde la bajeza de agredir al contrario en su casa, en restaurantes o aeropuertos, hasta la agresión física de cobardes turbas con ánimo de exterminio. Como no confundo una voz engolada con capacidad mental no me asombró la incitación genocida de locutores que fungen de analistas políticos.
Y del otro lado, desde una supuesta postura de “izquierda”, han arrancado su propia cacería de brujas contra la Fiscal de la República. Basta con llamarla “traidora”. Puros adjetivos, que lo sustantivo no se toca.
Permítanme tratar de lo sustantivo. Hay que colocarse en una postura “civilizatoria”. Es necesario respetar y defender el debido proceso. Digo, para que no seamos bárbaros. Que no se puede luchar contra la barbarie con otra barbarie. Hay mil ejemplos históricos. El más cercano es la OLP que se dedicó a violar los derechos humanos más elementales y solo logró aumentar los índices de criminalidad y violencia, ahora acompañados de los abusos más espeluznantes. Es popular en muchos sectores de clase media eso de acabar con el hampa asesinando: es parte de nuestro atraso.
El argumento reaccionario de que el respeto al debido proceso aumenta la impunidad debería dar vergüenza. Siempre hemos dicho, los civilizados, que necesitamos mejores policías, mejores fiscales y mejores jueces, para luchar contra la impunidad, que hagan bien su trabajo. No que hagan trampas y cometan delitos para enfrentar los delitos. Son conocidas las deficiencias que hemos tenido en esos aspectos. ¿Y ahora resulta que la impunidad se debe al debido proceso? ¡Por Dios!
Claro que la Oposición, irresponsable, no se deslinda de los malandros que atacan CDI, Oficinas públicas, y que saquean a diestra y siniestra. Que asquea que esos delincuentes sean tratados como “luchadores por la libertad”. Y que deben ser castigados. Pero castigados según el ordenamiento legal. Porque la actuación de los encargados de resguardar el orden público debe ser conforme a las leyes. Y sus abusos también deben ser castigados.
La Fiscal no está de acuerdo con la Constituyente. Y tiene derecho a tener su opinión. Diría que estamos ante el simplismo histórico de una “izquierda” que vive en bipolaridad: Si no estás con la Constituyente eres traidor. Pero eso sólo una arista del problema. Porque hay muchísimo más de postura de derecha en esa dicotomía. Aquí hay personeros a quienes uno escucha hablar diez minutos y queda clarito que son de derecha, pero como están con la Constituyente, y han apoyado al gobierno en todos y cada uno de sus posturas y virajes, hay que creer que son de izquierda. Así estén orgullosos de honrar a los financistas capitalistas pagándoles más de 60 mil millones de dólares mientras los pobres sufren la crisis a diario. Así confundan subsidio con socialismo. Y que conste que del lado del “chavismo crítico” también hay bastante gente de derecha. ¿Es que no pueden distinguir los discursos? No, tristemente, no pueden.
Aunque nos haga mucha falta, no tenemos cultura de las instituciones. Es un fenómeno viejo. Recuerden a los ricos banqueros que quebraron sus bancos, y a los gerentes de empresas públicas que lejos de producir vivían, y viven, del erario nacional. Nadie considera importante la institución a la cual representa, ni se cuida de cumplir sus objetivos. Y piensa que la Fiscal no tiene derecho de defender y ejecutar las funciones de la Fiscalía. Después se asombran del descrédito de las instituciones, ese peligroso descrédito que pone en peligro a la república.
La campaña contra la Fiscal, nadie puede dudarlo, está orquestada. Y cada quien quiere tocar su instrumento como puede, lanzar sus desafinadas notas.
Lo único que se me ocurre pensar de la Fiscal, a quien no conozco, es que es valiente. Y dejo estas palabras en señal de que no formo parte de crucifixiones.


PD: A los amigos, cuya buena fe no pongo en duda, que me llaman para ver si mis posiciones son revolucionarias, y me repiten el manojo de consignas oficiales, les reitero que precisamente porque soy de izquierda respondo así. Y que he sido muy paciente en responderles, les he argumentado. Y argumentarle a alguien es mi forma de demostrar respeto por su capacidad de raciocinio, es apostar a su razón.

Sábado, 27/05/2017.  Aporrea.

domingo, 8 de enero de 2017

Convertir el error en virtud

Orlando Zabaleta.



En noviembre nuestro sistema de pagos era malo. Si uno pretendía comprar un kilito de queso más un cartón de huevos y tomarse un café en el camino, debía salir a la calle con un grueso fajo de 150 billetes al menos (si eran billetes de 100). La red de pagos electrónicos tendía a saturarse ante esa situación, y era propensa a fallas.
Pasamos todo el año rezándole al santo patrono del sistema monetario (debe haber uno) para que iluminara a Merentes y el Banco Central emitiera al fin un billete o una moneda de mayor valor que 100 Bs.
El sistema de pagos, pues, era malo. Entonces vino la operación de retirar en 72 horas, cierre de fronteras incluido, los billetes de 100 y lo puso peor.
La extracción del billete de 100 llevaba dos años (según Maduro). O sea: hubo tiempo para diagnosticar y planificar la respuesta. Cuesta entender esa cadena de marchas, contramarchas e improvisaciones que hemos sufrido.

El valor nominal

Una de las razones de la extracción del billete de 100 es que su valor facial, el valor impreso asignado por el BCV, es menor que el que el que tiene el billete como objeto, el papel moneda puede ser reutilizado. Da más provecho el billete como materia prima que como medio de pago.
La solución era sencillísima: sustituir el billete (cuya fabricación es cara y se paga en dólares) por una moneda metálica. Durante el 2016 el BCV se empeñó en enfrentar la extracción y escasez de billetes de 100 emitiendo grandes cantidades de billetes caros, por eso no se ve un billete de 100 viejo o usado desde hace años.
Y no hacía falta ser un gurú o un astrólogo para ver lo que la inflación le había hecho al pobre billetico de 100 a finales de 2015.

El momento y las condiciones de la batalla

Un buen general escoge el terreno y el momento para presentar batalla. Busca las condiciones más favorables. Pero Maduro escogió para la operación sorpresa precisamente a diciembre. Mes vital para la economía y la gente y cuando más falta hacen los billetes.
Se arrancó la ofensiva sin tener municiones a la mano (es decir, los billetes de 500 o las monedas de 100), se envió a los soldados al combate con la promesa de que pronto llegarían las municiones. No se debió intentar recoger los billetes de 100 en 72 horas sin tener disponible (al menos en puerto o aeropuerto nacional) las nuevas monedas o billetes para sustituirlos.

Contramarchas con información confusa

Se arrancó ponderando el “éxito” de la operación. ¿Con qué criterio? Porque el asunto no es sacar de circulación el billete, el asunto es hacerlo sin afectar a la economía y a la gente. Hasta se recortó el plazo de los “cambios” en el BCV. No se aclaró que la sucursal del BCV en el Zulia no estaba incluida en la operación hasta que los disturbios aparecieron; se dejó entrever que la Casa de la Moneda acuñaría las nuevas monedas, que solo le llegaron a Maduro. Ni un miserable cronograma. Dos prórrogas de vida para el billete de 100.

Como un secuestro

Mafias nacionales y extranjeras están detrás de la extracción del billete. Y hay que golpearlas, golpearlas de verdad. Pero la actuación del gobierno recuerda a esos secuestros que la policía enfrenta a punta de tiros sin preocuparse por la vida de los secuestrados: las víctimas mueren en un fuego cruzado. Bien bueno que se golpee a esas mafias, pero háganlo sin matar a las víctimas.
La operación se ha pagado en pérdidas económicas. ¿Cuánto afectará el descrecimiento? ¿Punto y medio adicional de baja del PIB? No es una mera cifra: significa que todos somos más pobres. Se ha pagado en parálisis económica e inestabilidad política y hasta en pérdidas de vidas humanas. Y cuando Maduro insiste en mantener guardados las nuevas monedas y billetes alarma.
Maduro contaba con menos de 20% de apoyo. Luego de esta operación, creo que el apoyo se habrá acercado al 10%.

Grave: convertir el error en virtud

El gobierno se debilitó. No se puede tapar un sol de torpezas con un dedo de propaganda. Los que creen que Maduro se la comió no deben llegar a un 7% del país. Ya es grave el debilitamiento popular del gobierno, pero es más grave que un chavismo acrítico se aleje voluntariamente del pueblo con visiones sedantes. ¿Quién estará apuntalando el juego a la derecha? ¿Los que critican o los que aplauden inocultables desaciertos para que se repitan?

Domingo 08/01/2017. Notitarde. Lectura Tangente

jueves, 15 de diciembre de 2016

Abrí una librería

Sí, amigos lectores, abrí una librería... aunque virtual. Está en la pestaña "Librería epub" (podría cambiarle el nombre más tarde).

Están en formato "e-pub", un formato de libro digital estándar. Los programas lectores de "epub" son muchos y, además, son gratis. Elegir uno es un asunto de preferencia; nombro algunos solo como referencia: Sumatra, Adobe Digital Editions, Calibre. Es sencillo descargarlos por Internet.

Hasta ahora he colocado MÁS DE 1.100 LIBROS. Están en orden alfabético según el apellido del autor. Seguiré colocando libros, no sólo en las "letras" que faltan (voy por la "M"), también agregaré nuevos títulos en las letras ya colocadas, según los libros que vaya consiguiendo.

Ya es, creo, una buena colección: literatura, historia, economía, sociología, y temas diversos. Como toda selección hay mucho del seleccionador en los resultados. Inevitable, hasta algún libro estará allí nada más porque me topé con él en la temprana adolescencia.

Espero que disfruten de la librería. Y que le sea útil para algo (que en el caso de las lecturas, lo útil y el disfrute no siempre coinciden), que aprendan y desaprendan muchas cosas.



Posdata:
A pedido de algunos amigos: he aquí los vínculos a algunos programas lectores de epub. Todos son gratis, y hay muchas otras alternativas.

Yo utilizo Calibre, programa que permite la edición y hasta la creación de archivos e-pub. Calibre también gestiona los epub (al adicionarlos a la lista, Calibre crea una versión específica del archivo). Pero, sólo como lector es muy bueno, y he leído que algunos lo utilizan nada más que para leer epub.

Sumatra PDF lee archivos e-pub y otros formatos digitales. Yo no lo he usado, pero tengo buenas referencias. Es el más simple y el más rápido.

Adobe Digital Editions está respaldado por Adobe, y es mayor ventaja porque es un poquito lento.


Lectores de e-pub

Adobe Digital Editions

Calibre

Sumatra PDF


martes, 13 de diciembre de 2016

Ya Merentes habló (al fin)

Orlando Zabaleta.


Muchos venezolanos estábamos sospechando que el Directorio del Banco Central de Venezuela, incluyendo a su presidente Merentes, hacía tiempo que se habían ido del país. O, al menos, que se sentían jubilados de sus funciones.
No solo por los datos que no publican (y que deberían publicar), sino por las miles de dificultades que causa el hecho de que se necesiten al menos cinco billetes de la “más alta denominación” (es decir, billetes de 100 Bs.) para comprarse un café marrón grande en la panadería de la esquina. O sea: problemas como bancos con necesidades de efectivo, cajeros vacíos a cada rato, comercios haciendo negocio con los “adelantos” de efectivo, etc., etc. Hay que vivir fuera del país para no enterarse de este zafarrancho.
Los rumores hablaban de unos nuevos billetes que saldrían en diciembre. Fuentes anónimas vinculadas al BCV eran citadas por los periodistas. Pero el Directorio seguía mudo: ni confirmaba ni negaba esas especies, por lo cual seguían siendo rumores.
Sin billetes, por supuesto, la crisis de los pagos electrónicos del pasado 2 de noviembre tuvo mayores efectos en una economía que anda sedienta de efectivo hasta para esos pagos que, bueno, todavía habría que llamar “menores”. El botellón de agua potable, la bombona de gas, el pan de trigo, el litro de leche, etc., valen varios billetes de altísima denominación.
Entonces el BCV se decidió a hablar al fin. Un comunicado informa que sí es verdad lo que expresaban los diarios, que se esperan billetes de mayor denominación, “nuevos”, para el 15 de diciembre. Y aprovecha el BCV para publicar un nuevo aumento de las tarifas bancarias.
Entonces aparece, al fin, Merentes, el propio, el presidente del Banco Central de Venezuela y nos presenta los diseños de nuevos billetes que se sumarán al cono actual. O nos re-presenta, porque son los mismos diseños actuales con los números cambiados. La razón (o excusa) para no presentar diseños nuevos no es que estén retrasados en el proceso, sino que esos diseños recibieron un premio hará 8 años.
Y el presidente del BCV, de cuyas palabras están pendientes millones de adultos de todo el país, decide que mejor les habla a los niños. Y empieza a contar el significado y las historias de las figuras que aparecen en los billetes. Comienza con Miranda, dónde estuvo, que hizo, que gran biblioteca tenía, y pasa por todos, que si Negro Primero, Simón Rodríguez, Guaicapuro, Luisa Cáceres de Arismendi. Y tampoco olvida a la tonina, al oso, a la tortuga que aparecen en los billetes.
La cosa es más incomprensible (y hasta grotesca) precisamente porque los diseños no son nuevos, son viejos para los venezolanos. Y porque el trasfondo del problema del cono monetario nos sigue acogotando.
Señor Merentes, los adultos hubiéramos apreciado que nos explicara la razón del inmenso retraso para enfrentar el problema. Para ser franco, a mí no se me ocurre ninguna buena excusa, y por lo que veo a usted tampoco. Pero también los adultos esperábamos un cronograma sobre la entrada en circulación de esos billetes. Sólo nos dejó claro que el 15 entraría el billete de 500, y “luego” el de 5.000, y más tarde los otros. Se le hubiera agradecido mucho un cronograma, no vaya a ser que tengamos el de 500 (porque ya llegó al país) el 15, y el “luego” se convierta en “veremos”, que eso ha pasado mucho.
El problema del cono monetario inadecuado es un problema que no teníamos que sufrir. Una cosa es que se desplome el precio del petróleo, y es poco lo que podemos hacer contra eso. Y otra cosa es la falta de previsión o (si se previó) de acción. Le recomiendo que no construya una súper-comisión con doctores en economía y matemáticas para monitorear la vigencia del cono monetario, simplemente esté pendiente del costo de un café grande y cuando el café valga la quinta parte del billete de mayor denominación declárese en emergencia y salga a resolver el problema. Es más simple.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Crónica de lo cotidiano

Orlando Zabaleta.


Los lunes hago cola con mi mujer, Corteza la bella, que ese es el día que le toca para comprar “regulados”. Los martes me toca a mí, y ella me acompaña.
Me levanto a las 3:45 am, hago el café (irrenunciable tradición venezolana), monto las arepas en el budare, me baño y levanto a Corteza a las 4:30 am. Prefiero madrugar primero para darme el gusto de no apurarme. Salimos a la oscuridad de la calle a “bachaquear”, que así llama el venezolano a esa búsqueda inclemente de comida el día asignado.
Quisiera ser el único venezolano obligado a ese sacrificio madrugador. Con gusto llevaría sobre mis hombros ese padecimiento yo solo por el resto del país. Pero lamentablemente no es así: cuando llegamos a la cola siempre hay muchos centenares más de sacrificados.
Los supermercados abren a las 8:30. Desde las 5:00 am hasta la apertura la cola se alimenta de rumores sobre lo que venderán ese día. Y de la esperanza de que haya harina de maíz, o aceite, o leche. Nadie es tan optimista como para soñar con azúcar.
El verbo “marcar” se escucha a cada momento. “Marcar” es hacer cola en un sitio un rato, conocer a los que van delante y detrás, e irse a otra cola en otro supermercado cercano. Se considera normal. “Vaya rapidito, y marque la cola allá, que le respetamos su puesto y aquí no pasará nada hasta las ocho”.
Dependiendo de la fuerza de los bachaqueros, vende-puestos y coleadores profesionales, y del orden o el desorden que los del súper y los soldados y milicianos impongan, pueden llegar las 10 am antes de entrar a comprar. Y puede que ya se hayan acabado los regulados, o quede apenas medio kilo de pasta. Si intenta continuar en el otro supermercado, se le harán las 12 del mediodía, y el riesgo de que se acaben los productos antes de entrar al negocio es muy grande.
A las 12 uno ya ha cumplido una jornada de 8 horas. Ha sentido el frío de la madrugada, ha llevado sol parejo, las piernas se le han cansado, el sueño lo está llamando. Y tiene hambre. Y a veces son la 1 y aún está bachaqueando. Adentro los supermercados nunca tienen suficiente cajas registradoras abiertas, así que hay que invertir al menos una hora más para pagar y poder salir.
El venezolano utiliza mínimo dos días para el “bachaqueo”.
Y los otros días de la semana otras colas esperan. Las de las ferias de verduras, porque en los supermercados los precios del tomate son altísimos. Hay que estar enterados de dónde y cuándo hay feria. Y algunas solo aceptan efectivo, y entonces hay que hacer cola en el banco, o recorrer la ciudad buscando cajeros con plata.
También hará cola para comprar el queso o la carne a mejor precio. Por su casa las bodegas y abastos cercanos lo robarán descaradamente. Ah, y guarde energía para una vez al mes hacer la interminable cola del gas.
De los siete días de la semana, más de la mitad se utilizan para llenar la despensa de la casa.
Las reuniones sociales, me refiero a eventos culturales, políticos, son un lujo de tiempo impagable. Ya me he disculpado con Laura Antillano y José Carlos de Nóbrega, por no asistir a sus extraordinarios martes literarios (en el MUVA, valga la cuña), porque los martes en la tarde ya estoy muy molido.
Nos estamos estupidizando, que las relaciones sociales, así sea “echar una pajita” con unos amigos mientras tomamos un café, hablar sobre el tema de su preferencia, son tan necesarias como la harina pan de cada día (que, siempre lo digo, nadie piensa solo). Pero tenemos que renunciar a ellas. A mí me invitan a muchos eventos políticos, sindicalistas, poetas, académicos, etc., y debo declinar la invitación la mayoría de las veces. Lo peor de todo es la tendencia al aislamiento.
¿Se preguntan por qué, en esta crisis, no se dan grandes movilizaciones permanentemente, no se forman grupos de opinión en forma masiva? Es por el tipo de crisis y su efecto en lo cotidiano. Nada que ver con, por ejemplo, los años 2002-2003, cuando los barrios se plagaron de grupos de discusión espontáneos. Es un dato sociológico demoledor. Explica que la crisis política tenga ritmo de calma chicha sofocante.
Ahora casi siempre estamos hablando de comida. Que Marx tenía razón: antes de hacer arte o poesía, o política, el hombre necesita comer.

lunes, 21 de noviembre de 2016

El BCV y la falta de billete

Orlando Zabaleta.


Se espera que los que manejan la moneda de un país sean discretos, reservados, parcos; siempre se teme que sus declaraciones puedan producir bruscas variaciones de acciones o divisas que degeneren en tormentas especulativas. Aquí no, pero en casi todo el mundo la moneda es un tema muy serio.
La única virtud innegable de los integrantes del Directorio del Banco Central de Venezuela es la discreción. En ese aspecto son un ejemplo mundial. Pero una cosa es ser discreto y otra ser mudo. El silencio del BCV sobre los dramáticos avatares de nuestra moneda es absoluto. Uno a veces tiene dudas: ¿será que siguen allí todavía? Digo, los miembros del Directorio del BCV.
El objetivo fundamental de la institución está claramente determinado por la ley: “lograr la estabilidad de precios y preservar el valor de la moneda”. Con mayor claridad está determinado que el objetivo fundamental no se está cumpliendo para nada. El BCV no suelta ni una palabra.
Entre las funciones del BCV, también definidas por la ley, está la de “Acopiar, producir y publicar las principales estadísticas económicas, monetarias, financieras, cambiarias, de precios y balanzas de pagos”. Pero el BCV dejó de publicar mensualmente el índice de inflación como siempre se hacía y se había hecho. Asumo que sigue recopilando los datos y haciendo los cálculos pertinentes, que los técnicos y la estructura necesaria continúan allí.
¿A quién se le ocurrió esa idea tan disparatada de ocultar los datos de la inflación? ¿Quién fue ese genio? ¿Era de adentro (del BCV) o de afuera? ¿Qué pretendían al incumplir sus funciones y esconder las cifras? ¿Ocultar el nivel de inflación? ¿Se sentirá menos que el salario no alcanza cuando se desconoce el índice de inflación?
Estamos en un país tan especulador que hasta se especula con las variables macroeconómicas. Si el Banco Central no da cifras de inflación, los economistas lanzan números, los inventan, y nadie quiere quedarse cortos. Fíjense en el economista Guerra, ahora diputado, durante el primer semestre de cada año da unos números pavorosos, cinco o seis veces lo que resultará al final (creo recordar que empezó este año prediciendo 1.500% de inflación). Las cámaras de comercio lo invitan a cuanto evento tienen porque los comerciantes por tradición especulan con las alzas: sus precios de venta no lo vinculan al costo que tuvieron, sino al costo de reposición, de manera que compran al precio de hoy pero venden al precio de mañana. El bochinche, en todo caso, promueve la espiral inflacionaria.
La última “distracción” del Directorio del Banco Central la padecemos los venezolanos diariamente. Y es de lo más inexplicable: estaba de anteojitos que el cono monetario no correspondía con la inflación. Con un poquito de previsión (que una cosa es no publicar las cifras y otra es no saber lo que pasa y va a pasar) se pudo haber enfrentado el problema a finales de 2014 y adelantar algo para la emisión de billetes de 200 y 500 Bs. Pero pasó todo el 2015 y nada. Y luego este año casi completo.
Ahora a las colas para comprar comida se agregan las colas para retirar efectivo, o la búsqueda desesperada de un cajero con dinero. Los que transportan valores dan más viajes que nunca. Los bancos se quedan sin efectivo, o pagan miles de bolívares con billetes de 20. Llamar al billete de 100 Bs., “billete de alta denominación” es solo un decir: ni un café se puede comprar con 100 Bs. Los comerciantes están haciendo negocio con el “avance de efectivo” (cobran 10% lo menos, y otros 15%); cualquiera que tenga un punto se mete a banquero, pues.
¿Se hacen cargo ustedes, señores del Banco Central, de cómo las consecuencias de su inacción afectan a los venezolanos diariamente? Porque para prever la necesidad de billetes de más valor no se necesitaba una maestría, bastaba con el sentido común.
En los últimos meses, quién sabe si es la campaña de algún sádico, aparecen noticias no oficiales sobre la llegada próxima de los nuevos billetes. Son noticias oficiosas, atribuidas a “fuentes del BCV” que no se identifican. Mientras, ustedes ni ratifican ni desmienten. Nunca informan. Como la esfinge de Keops, totalmente callados.
Tun tun, ¿hay alguien allí?

Domingo 20/11/2016. Aporrea

El hombre del Vaticano y el hombre del Norte

Orlando Zabaleta.


I
Cuando monseñor  Emil Paul Tscherrig, enviado del Papa Francisco, aceptó la misión de mediación en Venezuela, no imaginaba el vaporón en el cual se estaba metiendo.
Su experiencia diplomática, y cuatro años como Nuncio en Argentina más otros cuatro en el Caribe lo hacían idóneo para la tarea. La mediación demanda tacto, precaución para saltar los imprevistos baches que los contrincantes colocarán en el camino, un poco de carisma, instinto para saber cuándo y cuánto de intimidación aplicar. Pero sobre todo requiere la paciencia de un santo, que arbitrar entre políticos es un via crucis de infinitas estaciones: sentar en una misma mesa a gentes que no se quieren ver ni en pintura es la primera parada; la siguiente es que un gentío que no está de acuerdo ni en la hora aprueben una agenda de discusión, luego ir punto por punto, y así sucesivamente hasta llegar al Domingo de Resurrección. Hay que tomarlo como los alcohólicos: cada día sin beber es una victoria; cada paso, cada parada es un pequeño triunfo.
La primera victoria, así se creía, es que ambas partes aceptaron lugar y fecha para la primera reunión (Nos vemos en Margarita el domingo). Así que monseñor Tscherrig da confiadamente las declaraciones haciendo público el acuerdo.
Y allí, sin empezar el via crucis de la mediación, comenzó el calvario. Sale Capriles quejándose de que se enteró por televisión. Y se arma el jaleo. Después de dimes y diretes queda claro que Chúo Torrealba sí es el Coordinador de la MUD y que fue autorizado por los partidos para asistir a la reunión, y que todos los partidos sabían de la reunión y del acuerdo. Pero no se sabe si los teléfonos de Capriles funcionan, ni si los de la MUD se llaman entre ellos.
¿Conocerá monseñor Tscherrig la experiencia de Carter?

II
En agosto de 2004 todo el mundo sabía que Chávez ganaría el referéndum revocatorio. Todas las encuestadoras, nacionales o extranjeras, le daban al menos 10 puntos de ventaja al chavismo. El jueves anterior a las votaciones, en un hotel capitalino, las encuestadoras amigas de la Oposición (Datanálisis, Keller) se lo dijeron clarito a los jefes de la Coordinadora Democrática (anterior nombre de la MUD). Todo el mundo lo sabía, menos la perdida clase media, a la que Rabel, Granier, Otero, etc., tenían convencida de que a Chávez no lo quería nadie.
Al conocerse los resultados tan adversos, la primera reacción de la Coordinadora fue desaparecer de la Quinta La Unidad. Corren al Hotel Tamanaco a buscar la ayuda y apoyo del expresidente colombiano Gaviria, Secretario General de la OEA entonces, y del ex presidente Carter. Pero el equipo técnico de la OEA y del Centro Carter ha realizado un conteo rápido que coincide con los resultados emitidos por el CNE, así que ni Gaviria ni Carter van a desconocer a sus propios técnicos para apoyar a los Opositores.
La Coordinadora había rechazado los resultados al principio con el argumento de que “no estaba presente cuando se hizo la totalización” (que es como rechazar que 8 por 6 es 48 porque no se presenció la multiplicación). Le piden a Gaviria y Carter que negocien por ellos con el CNE: ofrecen reconocer los resultados si se realiza una auditoría con una muestra específica. Gaviria y Carter se van al CNE y logran la aceptación de la propuesta opositora. Pero mientras iban, los jefes de la Oposición cambian de opinión y ahora plantean una muestra más grande. Carter, sorprendido, se molesta y los acusa de poco serios. Al final la postura pública de la Coordinadora fue pedir la auditoría del total de las mesas y no participar en la que ellos habían pedido.
Carter es caceroleado al intentar degustar una pasta en el restorán caraqueño Limoncello. Dice mucho del nivel de los opositores el que creyeran que Carter, un expresidente de Estados Unidos, se había metido a chavista.
En las elecciones regionales, unos meses más tarde, la Fundación Carter se negó a participar como observadora. A lo mejor Carter creía que los de la Coordinadora necesitaban psiquiatras y no políticos.
Volviendo al presente, ya la MUD arrancó mal con monseñor Tscherrig. Primer chasco, y no será el último. Eso pasa en los diálogos cuando se quiere y no se quiere.

Sábado 29/10/2016. Aporrea.

Y ganó el loco

Orlando Zabaleta.



La ciudad industrial
Todavía estoy a tiempo de recordarlo: Detroit era la orgullosa capital mundial del automóvil. Aún tienen allí su sede la Ford, la General Motors y la Chrysler. El automóvil fue la industria punta del capitalismo durante casi todo el siglo XX. Pero con los 70 llegó la amenazante competencia japonesa. Alguien propuso pintar los motores de los autos gringos con la bandera de las estrellas y las barras, para así, vía llamado patriótico, detener la nueva invasión nipona. Demagogia hipócrita de las grandes automotrices: cuando el exhorto chovinista no les dio resultados, mudaron la producción de partes y el ensamblaje a otros países, donde los salarios fueran bajos. Además la industria automotriz se robotiza con rapidez; es decir, ofrece menos puestos de trabajo con rapidez. Ahora llaman a Detroit la ciudad fantasma. El desempleo está cerca del 50%. La gente abandonó la ciudad en estampida y dejó cientos de miles de casas y edificios abandonados. Apenas quedan 700 mil habitantes sobreviviendo.
Detroit es la capital del estado de Michigan. Donde nunca ganaban los republicanos. Pero Trump logra, contra todo pronóstico, ganar en Michigan. No con una gran diferencia, pero el primitivo sistema electoral norteamericano no sabe de representación proporcional.

La empresa más admirada
Los actuales modelos del capitalismo son las corporaciones de informáticas. Apple encarna el arquetipo, mitología incluida. La empresa que arranca en el garaje de unos jóvenes rebeldes es la prueba viva de la fuerza del “sueño americano”. Revoluciona el mercado con los productos que lanza: su reproductor mp3 no es un reproductor mp3: es un iPod. Redefine con su teléfono y su tableta los nichos respectivos. Según la revista Fortune, fue la empresa más admirada del mundo entre 2008 y 2012 (en plena crisis). Según el índice BrandZ (índice que utiliza además de los balances de las empresas, la percepción de sus usuarios), Apple es la marca más valiosa del mundo.
Sí, sin duda es la principal marca gringa. Pero, ¿dónde tiene sus fábricas? Muy lejos de su sede en California: en China. Allí trabajadores chinos con bajos salarios (mujeres y niños en las llamadas “Zonas Especiales”) producen los laptops, las tabletas, los celulares de Apple.
La miel de los salarios bajos es muy atrayente porque allí también produce la Disney los “souvenires” y juguetes de sus famosos personajes. Igual que la HP, otro ícono del mundo del PC. Todos fabrican en China.
Estados Unidos se está quedando con las Marcas, mientras el Oriente se queda con las fábricas. El país metrópolis del capitalismo se está desindustrializando. Detroit no es la única ciudad corroída por el desempleo. Trump dijo que obligaría a las empresas a regresar sus fábricas a América. Hubo gente que se lo creyó.

La crisis que no cesa
La última crisis mundial del capitalismo de 2008 no ha sido superada aún. Hay indicadores pre-crisis que no han regresado. Ya sabemos, experiencias de más de un siglo, que los niveles de empleo son lo último que se restituyen en la fase de recuperación. El capital, luego de la caída, usa su capacidad instalada ociosa sin necesitar más trabajadores. El crecimiento lo impulsa la tecnología, o sea: menos requerimiento de mano de obra; el fenómeno se ha acentuado desde los 90.
Ese es el trasfondo del caso Detroit. Y del horroroso nivel de desempleo de España entre los jóvenes.

La sorpresa
La crisis económica no es la única razón por la que ganó el loco. La candidata rival ayudó bastante: es difícil escoger entre dos figuras tan inmorales. La Clinton es la vieja y poderosa mafia politiquera casada con el gran capital, gana en los estados más ricos, en las ciudades más populosas, donde los servicios (útiles o inútiles) de todo tipo desplazaron al trabajo industrial. Es el capitalismo actual y futuro: viciosamente especulativo. Pero en los pueblos pequeños, no es la rebeldía anti-estatus lo relevante. Es el atraso, no lo adornen. Allí gana el loco porque el sector más atrasado (machista, xenófobo, racista, excluyente, homofóbico) añora la perdida “grandeza americana”, le importa poco otras consideraciones distintas a su rabia, y lo apoyó.

Entramos al mundo de lo impredecible.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Yo dialogo, tú dialogas, ambos monologamos

Orlando Zabaleta.



Empecemos reiterando lo obvio: el diálogo es indispensable. Hay que estar enfermizamente ofuscado para no verlo. Que la alternativa al diálogo es la guerra. Es decir, la muerte, y, ojo, la muerte no siempre es la de otro.
Ya es aterrador que un adolescente, odio inoculado de por medio, clame por sangre y violencia a través de las redes sociales. Pero Leopoldo López, Freddy Guevara y los profesores universitarios que colocan mensajes de guerra en Facebook son más que tarajallos para seguir con esas vainas.
Y dejo constancia de que no soy un pacifista a ultranza, y me perdonan. Que no le estafo el derecho de rebelión a los oprimidos. Pero, a menos que uno sea un irresponsable, se apela a la violencia solo cuando se demuestra su pertinencia y su absoluta necesidad. Por ejemplo, para “romper las cadenas que nos ataban al Imperio español”, o para enfrentar al “Amigo del Norte” si pretendiera invadir nuestras tierras patrias.
Caso típico para rechazar la violencia es el actual: ninguna de las partes puede aniquilar a la otra. Ni el gobierno puede disolver la Asamblea porque le dé la gana sin violar la Constitución, ejecutar un golpe de estado y abrir las puertas de la violencia. Ni la Oposición puede derrocar al presidente y acabar con el chavismo, por más empeño de sangre que le ponga. Cuando una de las partes cree que puede destruir a la otra no dialoga, guerrea.
Esa es la razón determinante para apoyar el diálogo: que la alternativa es la violencia sin sentido y sin futuro. Lo demás, que si las instituciones o nuestro amor por la paz, son adornos.
Otro sí. Un viejo truco para sabotear el diálogo aparentando estar de acuerdo es pedir al contrario que se rinda antes de sentarse a negociar. Así hacen los que exigen “condiciones” para asistir a la mesa de diálogo. Los opositores que no irán a dialogar si antes el gobierno no suelta a los “presos políticos” y llama al Revocatorio; igual sería si el gobierno pusiera como condición para negociar que la Oposición retirara el pedido de Revocatorio y aceptara la decisión de los tribunales sobre los “presos políticos”. Precisamente esos son temas a discutir.
Cierto, los diálogos como estos, dentro de una correlación política compleja, se ganan o se pierden en gran parte fuera del mismo diálogo, en el entorno. Por ejemplo, convenciendo a terceros (casi siempre pacifistas y enemigos de las reyertas, para eso son terceros) que uno quiere dialogar pero la otra parte no. El gobierno fue el menos torpe en este terreno. O hubo una división del trabajo, porque Diosdado Cabello bombardeó bastante el diálogo y aun funge de provocador constante. Además el gobierno tiene con qué golpear (la suspensión de la recolección de firmas) mientras llama al diálogo. La Oposición se ha debilitado y solo pudo responder a lo de las firmas con esa teatral sesión de la Asamblea aprobando una retahíla de “medidas” o “acciones” (uno no sabe): que si la nacionalidad de Maduro, o la declaración de abandono del cargo.
La Oposición ha sido coherentemente torpe para encarar el diálogo. Una parte de la ella no lo quiere, y jura, aunque no lo diga, que el asunto se resuelve con sangre. Mientras otra parte, así no comparta los anhelos sanguinarios, calla por temor al público opositor vampiresco. Una Oposición tan dividida y con un desubicado como Capriles adentro tiene que ser fuente de incoherencia, como esa de pedir la mediación del Vaticano y estar a punto de carrear al enviado.
De frustrarse el diálogo, todos querrán endilgarle la culpa al otro por el fracaso; menos mal que no es una rifa, porque de serlo la Oposición tiene casi todos los números comprados.
Otro aspecto es cómo afecta el paso del tiempo: ¿quién se debilita mientras se negocia? Nadie lo sabe con seguridad, pero ambas partes juran que es la otra. El gobierno subestima la profundidad de la crisis económica y el malestar reinante. La Oposición sobrevalora su capacidad de arrastre y su incidencia sobre los descontentos (y la influencia de la Casa Blanca). Malas cuentas que no ayudan al éxito del diálogo. Y que incitan a que los negociadores ensimismados monologuen para sus respectivos fans. Se requiere un diálogo más inclusivo.

Domingo 6/11/2016. Aporrea.

lunes, 24 de octubre de 2016

La suspensión inaudita, ¿hasta dónde hemos llegado?

Orlando Zabaleta.



I
La caída del bloque soviético no se debió a una conspiración de la CIA. Eso debería ser noticia vieja. El sistema, además de aterrador y de robarles el poder a los trabajadores, luego de un portentoso crecimiento acabó estancado. El poder monopolizado por la burocracia reveló que la propiedad estatal y el socialismo no son lo mismo.
El capitalismo, en crisis desde el fin del “Estado de bienestar” en los 70, aprovecha la declinación de ese “socialismo”, que se presentaba como su alternativa, para forzar la única solución que tenía a la mano: la súper explotación. Logra imponer el retroceso  a formas brutales de privatización de las riquezas, pregona que solo es posible el capitalismo más bestial. Tilda de “novedosos” a viejos esquemas del capitalismo pre Segunda Guerra Mundial. Invierte el lenguaje, llamando revolución a la reacción conservadora, y conservadora a la resistencia a la sobreexplotación. Tiene éxito en esa reinversión ideológica, porque la desprevenida clase media, que en su mayoría, lejos de leerse un libro, construye su opinión según el dictado de los medios, le compra el discurso enterito.
Por ello no se puede enfrentar al neoliberalismo y su obsolescencia con el viejo estatismo. Eso no es una salida socialista, sino poner a pelear al keynesianismo con los neoliberales.
Chávez ayudó a aclarar el asunto. Estableció el socialismo del siglo XXI como consustancial con la democracia. E insistió en ello. Lean la Introducción del Plan de la Patria (basta con los cuatro primeros párrafos): la transición al socialismo, apremió, es la democratización más radical y el desmantelamiento del estado burocrático. La democracia, definida como radical, es decir, directa y protagónica, no es un terreno extraño y provisional en el cual el socialismo lucha contra el capitalismo por necesidad.

II
Suspender la recolección del 20% de las firmas es inaudito. Es afectar un derecho constitucional,  (penalizar a un amplio sector del país por una minoría), argumentando que hubo firmas fraudulentas. Igual las hubo (firmas planas, huellas repetidas, muertos firmando, etc.) cuando el referendo de 2004. Y Chávez fue incapaz de plantear esa argucia. Es una decisión de gravedad extrema. La dirigencia del proceso (que amalgama al gobierno, al estado, al partido y a la FA) da un paso más para igualarse a la Oposición: igual que para la MUD, la Constitución es un instrumento adaptable y la democracia solo es válida cuando permite acceder o conservar el poder.
Los que se autoproclaman “hijos de Chávez” enfrentan abiertamente su herencia en los puntos relacionados con la democracia, la Constitución Bolivariana y la necesidad de salvar el planeta.
La situación es compleja. Maduro no cuenta con más del 20% del apoyo popular (y dentro de este 20% una parte lo apoya por el temor a la locura opositora, sin compartir las ejecutorias del gobierno). Pero la Oposición no es dueña del 80% restante, aunque quiera adjudicárselo. Al menos la mitad de ese 80% desconfía o está también en contra de la Oposición.
La mayoría del pueblo sabe más de lo que creen los analistas. Sabe que la salida de Maduro no elevará el precio del crudo a los 60 dólares (para superar la crisis), sabe que el problema es estructural. El gobierno perdió el tiempo irresponsablemente hablando de la “guerra económica” en lugar de enfocarse en la caída de los ingresos petroleros y en la falta de producción interna. Tamaña reacción oficial rebasa el límite de lo creíble, pero así sucedió.  Pero regresar a los 90, a utilizar las melladas recetas del FMI solo profundizará la recesión en la cual nos hundimos.
Ambos lados deberían asumir que la mayoría quiere salir de la crisis. Y no jugar con ella.

III

¿Qué pretende el gobierno al buscar detener la recolección de firmas del 20%? La torpeza de la MUD y sus luchas internas la han debilitado en los últimos meses. Pero no es el momento para aprovechar “oportunidades”, porque apostar a un desenlace rápido que postre a la MUD es ir por un camino peligroso. Hay que repetir lo mismo de siempre: dejen de ver la nata y miren hacia abajo. Allí verán el descontento amplio y profundo, porque, si no lo saben, estamos pasando hambre.

Sábado 22/10/2016. Aporrea.

domingo, 16 de octubre de 2016

Yo presidente, el eterno sorprendido

Orlando Zabaleta.


Todo se ha conjurado para mantenerme de sorpresa en sorpresa desde que asumí el mando. Y no solo a mí, también ministros, asesores, generales, altos dirigentes, han sido víctimas de lo inesperado.
Yo juraba que el barril de petróleo a menos de 100 dólares era una especie extinta que nadie vería más nunca, jamás, y que lo del crudo de esquisto era un rumor exagerado (quién iba a creer que se sacaría petróleo en cantidad de las piedras). Pero, de improviso, el precio del petróleo se desplomó y llegó hasta el suelo. Hasta Ramírez decía, al empezar mi mandato y cuando todavía era súper ministro, que teníamos dólares para lo que fuera. Y (oh, sorpresa) los dólares dejaron de entrar y de alcanzar.
De sopetón supe que importamos (con dólares) el 96% de lo que consumimos. O sea: alimentos, medicinas, insumos para mantener la partecita que fabricamos aquí.
Sabía que nuestro nivel de importaciones era alto. Pero como siempre habíamos funcionado así como país, y nos enfrascábamos todos, gobierno y oposición, en discutir otros temas (que si dónde nací yo, que si protegíamos a Al Qaeda, que si producíamos uranio enriquecido con fines atómicos, que si Songo le dio a borondongo y borondongo le dio a Bernabé), pues parecía que esa dependencia tampoco era mal de morirse.
Entonces se presentaron las colas y la escasez de las cosas más elementales. Dijeron los asesores que no era por falta de producción o importación, que había productos como arroz, que lo que pasaba era que el 40% de esos bienes se escapaban contrabandeados a Colombia. ¡Quién lo hubiera imaginado! ¡El 40%! Entonces cerré la frontera, para cortar ese desagüe constante de alimentos y gasolina que tantos dólares nos cuestan.
Pero, ¡pasmo!, al mes era evidente que, lejos de amainarse, la escasez crecía y crecía. O sea, hay fronteras impenetrables, y hay fronteras intrancables. Me entero entonces, ¡maravilla! , que los caminos verdes están por todas partes y que hay mafias, guardias, policías, financistas haciendo negocio parejo con el contrabando de todo género.
Mire, cuando uno tiene dinero todo el mundo se muere por darle fiao. ¡Lléveselo y me paga cuando quiera, no se preocupe!, le dice zalamero el vendedor o el prestamista. Pero, ay, cuando se corre la voz de que usted anda buscando medio pa´ completar un real, todos se presentan mal encarados a cobrarle y nadie le quiere prestar. Con la merma de dólares, inesperadamente la cuantía de la deuda en dólares produce un friíto en la espalda, porque hay que pagarles con puntualidad sacrosanta su dinero a los banqueros de afuera.
Reforzamos entonces la distribución, que si Mercal, PDVAL. Pero algo iba mal en eso. Casi me da un infarto cuando asombrado me contaron que los Abastos Bicentenarios estaban carcomidos por la corrupción, que se habían podrido, que todos allí se dedicaban al bachaqueo permanente. ¡Quién lo hubiera pensado! Fue una de esos imprevistos que te dejan sin aire. Porque creo que nadie en el país sospechaba de esa pudrición.
Aunque los Bolipuertos dependen del Ministerio de Transporte, cuyo titular nombro yo, no había forma de que alguien supiera qué pasaba allí: ni cuánto ni cuándo ni qué llegaban en los contenedores, ni menos cuándo saldrían. Y es en los puertos donde recogemos las cosechas más grandes de alimentos, así que nombré al general Padrino López de superministro y jefe de la súper Gran Misión Abastecimiento Soberano (lo de “Soberano” es un decir, claro, que no hay mucha soberanía en importar alimentos de un país extranjero). Fue inesperado eso de contenedores sin dueño, extraviados, llenos de productos vencidos.
Pero no todas las sorpresas fueron desagradables. Me satisfizo mucho descubrir que los de la Gold Reserve, la transnacional canadiense que nos había demandado, no eran tan malucos como me los habían pintado. Que no eran unos bichos destruye Madre Tierra, sino buena gente.
Me dirigiré a la Nación, porque acabo de enterarme de algo verdaderamente sorprendente: la salida de la crisis es la producción interna, que debemos producir buena parte de lo que importamos. No lo sabía hace 3 años.
Es bueno llegar a ser presidente. ¡Uno se entera de cada cosa!

Domingo 16/10/2016. Aporrea

martes, 11 de octubre de 2016

Vivir viendo a la nata

Orlando Zabaleta.



El Caracazo enseñó (pero solo a los que quisieron aprender) muchas lecciones. La más importante había que extraerla de su “imprevisibilidad”. Sí, fue una gran sorpresa para todos; pero, además de constatarlo y repetirlo tanto, había que preguntarse por qué nos sorprendió.
La respuesta era elemental: Nos sorprendió porque no estábamos viendo hacia donde debíamos ver. Estábamos enfocados en el sector político y opinador, proveedor universal de insumos e instrumentos para la producción de creencias.
La nata, pues. La que llena la prensa y la televisión con sus opiniones. La nata, independientemente de que fuera de derecha o de izquierda, compartía muchos mitos e invenciones: que los partidos eran los inevitables protagonistas de todo, y que dentro de los partidos los dirigentes tienen el derecho natural de decidirlo todo. Tal como le había enseñado Betancourt a la derecha, las “masas” irían a donde vayan sus dirigentes. Y tal como había aprendido la izquierda de las diversas variantes del marxismo ruso, la vanguardia decidiría por las “masas”.
Con tales ideas reputadas como incuestionables, era inconcebible que espontánea y masivamente hubiese una protesta violenta de magnitud que durara más de 6 horas. Sin ningún partido detrás, imposible.
En 1989, todos, ocupados en ver a la nata, no veíamos hacia abajo. Los de abajo estaban llegando al límite luego que el Viernes Negro desató la caída del nivel de vida general. Y soportaban la crisis y la corrupción, la inoperancia y el olvido, la desastrosa incapacidad de Lusinchi. Soportar todo eso y luego el descarado engaño de CAP II y sus dos programas: uno para ganar las elecciones y otro para gobernar, era como mucho.
La lección más importante del Caracazo, pues, es que hay que ver hacia abajo. Que ver solo a la nata es ceguera que puede ser peligrosa manía.
Cuando Caldera II repite lo mismo que hizo CAP (ganar las elecciones con imagen antineoliberal y adelantar un gobierno neoliberal) y privatiza todo lo que puede, y entrega el negocio petrolero por tres lochas, y el pueblo paga los platos con inflaciones mayores de cien puntos y caídas gigantescas del PIB, y el gobierno no alcanza ni un 10% de apoyo, el pueblo ha aprendido mucho. El pueblo intuye que no le conviene otro Caracazo y sabiamente aguanta el chaparrón. Y busca salidas, hasta que aparece Chávez, que es casi un invento del pueblo venezolano.
La crisis actual es, indudablemente, la peor crisis desde la llegada del negocio petrolero. Hay hambre, lo que contrasta con los avances sociales alcanzados en la primera década del siglo. El rentismo capitalista colapsó definitivamente. El gobierno fue incapaz de percibir las claras señales que anunciaban la crisis, y luego se dedicó a enfrentarla de lado, a nivel sintomático (y a veces a nivel meramente mediático), y mantiene la rémora de un Estado incapaz y corrupto. El 80% del país no quiere a Maduro.
Lo asombroso es (ante la cuantía del rechazo, el tamaño de la crisis, la torpeza del gobierno y la injerencia del Imperio) el nivel de estabilidad y/o resistencia de Maduro. Claro, otros factores lo apuntalan: la brutalidad de la oposición (que ayuda), el apoyo de la FA (que no es poca cosa).
Pero la mayoría de esos factores son consecuencias de una condición estructural: la polarización social. O sea, las visiones y los horizontes distintos, que aquí está sembrada la inclusión, la justicia social, el orgullo soberano, la solidaridad, entre la mayoría de los venezolanos. Miren hacia abajo y lo verán.
El uso de polarización política para concentrar a los respectivos partidarios, auspiciar la locura y ocultar los errores propios es algo detestable, es verdad. Es inmoral que el gobierno utilice la polarización política para encubrir la ineficacia y la corrupción, mientras la oposición la utiliza para convertir el descontento en odio y en gritos aventureros de una Derecha sin norte ni concierto.
Pero hay que ver más allá de la nata. Aunque al 80% no le guste Maduro, más de la mitad de esos descontentos tampoco quiere entregar su destino a los especuladores de Consecomercio ni a los financistas de la MUD. Los descontentos con gobierno y oposición no son unos “ni-ni” de posturas descoloridas, así que les resbalan los discursos de reconciliación, las baladas sobre el amor que acaba con las ideologías y demás bellas generalidades inútiles.
Seguramente una política “despolarizada” de acuerdo nacional se parecería a la del Arco Minero, que reconcilió gobierno chavista y transnacionales mineras. No es muy diferente de la propuesta opositora de negociar préstamos con el FMI.
Es complejo. Pero se entiende más si se mira hacia abajo.

Domingo 9/10/2016. Aporrea.